Ella sí, merecía de su amor.


Ella no se negó a mirarlo. Nunca le haría eso. Sería una falta de amor y ella, era inconscientemente coherente. 
Y le miró. 
Desde una profundidad que él no conocía hasta ahora.

No mereces de mi amor. -Le dijo ella con voz dulce, sin ápice de reproche, con las manos abiertas, mirando hacia arriba. Mostrando sin querer la nada que la había consumido durante meses.

Él, en silencio, como siempre. Pero en esta ocasión, a ella, no le dolió. Solo sintió una profunda compasión.

Durante mucho tiempo le escuchó, 
le sujetó, 
le levantó, 
le secó las lágrimas, 
absorbió su rabia como un agujero negro para que no se ahogara, 
le prestó su aliento para volver al presente, 
le regaló su sexo y le amó, 
todos y cada uno de aquellos días.

Ella, entendía por qué él hacía todo lo que hacía. Y sabía que él, no sabía hacerlo mejor. 

Pero ella sí. 
No solo sabía hacerlo mejor sino que podía y lo elegía justo en ese instante en el que él, conscientemente, decidió no ahorrarle ni un segundo de sufrimiento. 

Devuélveme por favor, mi última confianza.- le pidió serena. 

¿Para qué la quieres? preguntó él molesto.- me la entregaste a mi. 

Errar es humano.- le sonrío ella.- Y, la necesitaré una última vez.

Cerró los ojos, hizo una profunda inspiración y la guardó de nuevo en su corazón.

Asiendo su maleta roja, se dio la vuelta, dejando atrás el dolor de caminar junto a un hombre con los ojos en la espalda, con un pasado tan presente que no dejó lugar a nada más. 

Y se abrió a la vida, decidida a AMARSE porque ella sí, merecía de su amor.

©Tania Evans, (Hombres con llave)

Fotografía Adam Martinakis




Imposible abrazar

Pueden ser otras
las que se apiñen en su mente
y se estremezcan sobre su cara
olvidando tras ello
su nombre en la almohada

O, sencillamente,
y todavía más triste
puede ser que él
sea incapaz de pisar
más allá de la alfombra roja
y que lleve
todos los naufragios de su mundo
en las manos.

Imposible abrazar.

Y con la llegada del alba
termina tan sedienta la piel,
que la mujer se promete
dejar la sal para la cocina.

Sabe que sus ojos tristes,
pronto sonreirán de nuevo

Entre otras cosas,
porque siente la luna 
besando sus lágrimas

una luna negra
que
siempre siempre siempre,
la abraza.
Y  tras ello
él, comprendió 
que ser de muchas es fácil 
y que lo difícil, 
lo terriblemente masculino, 
es ser de una. 
Y así, 
perdiéndola, 
nunca jamás dejó de ser suyo 
para el resto de su vida.





©Tania Evans, (Indomables)
Cursiva y selección musical Gabriel Bertotti

Todavía hay esperanza



Ella se miró al espejo. 
No se encontró. 
En su lugar contempló a otra mujer. 
La de él. 
El hombre que la acompañaría a la luna 
y la arrastró al infierno.

Bañó su tiempo en sonrisas 
y ella deseó entregarle 
su última confianza. 
Pero su piel comenzó a cambiar.
No hay célula que no se raje ante la ira desmedida.

Estoy a tiempo, pensó ella. 
Y se abrió todavía más a él. 
Reconoció sus miserias
su puzzle sin armar
el punto exacto de su búsqueda
el precipicio desde donde lo contemplaba. 

Ella creía, que ella, se merecía una despedida a tiempo.

Yo no puedo salvarte, le dijo a través de las lágrimas.
Yo no necesito ser salvado, le dijo él.

Ella, 
mirándole a los ojos y al corazón
besó la mentira y la abrazó fuerte. 

No se arrepiente. 

Sabe que no puede salvarlo. 
Sabe que solo puede amarlo
y también
que el amor
siempre
es la solución.

Todavía hay esperanza

Todavía en la noche
dormidos
se abrazan.

©Tania Evans, (Hombres con llave)