Cuando la tierra pierde el miedo, vuelve la vida.




Este juego que la vida es ha perdido todo su interés.
La ficha más valiosa que diría Freud
la vida misma
quedó atrapada entre los helechos mohosos del salón.

Amarte dejo de ser un verbo en presente continuo
para ser solo un pretérito perfecto del que no arrepentirse
-nunca lamentar, nunca-

Exonerarte de la pena con todas sus esquinas
rasgándola con los dientes y las uñas afiladas
y apostar todas las horas a un número imposible
que siempre aparece herido en la nevera.

Ese pasado febril del que eres siervo
rémora para la vida
nos dejó sin pétalos que deshojar
en una tierra sin entrañas que no tiembla.

Ya no brota mana de mi vientre.
Ahora la única salida para vivir es la muerte.

En el tránsito hacia el lado amable del abismo
aletea un corazón cuerdo entre los labios.

La luz rasga con piedad la oscuridad
vertiendo una voz que susurra

-Bienvenida,
limpia  la placenta de tu nueva yo.
Realiza tu apuesta.
Comienza el juego.


©Tania Evans, La Psicología del Fénix.

Abolición de la cordura. Suyai: Diary of a "borderline"


Suyai sostiene la mirada hacia adentro antes de escribir, respirando ese primer aliento que despierta los pulmones

Hoy, no hay lágrimas.

El dolor húmedo dio paso a una tristeza seca.
Un páramo helado en el plexo.
Unas piernas que ya no tiemblan.
Una mano firme.

Hay cartas que llegan y descubren gigantes dormidos.
Traen consigo,
un torbellino de auroras sembradas de pájaros celestes.
risas saladas
una piel de arena
un mar que hierve
espuma efervescente entre las piernas.

Y entre el punto final y la posdata
descubre una herida en el bolsillo que sangra todavía

Suyai escribe.

Estoy bien, si, pero solo a ratos.
Continuo desconectada de este mundo que no me es propio.
Arrastro cansancio de un tiempo que no recuerdo.

Crepitan los huesos ante tanta historia contenida
una tierra yerma y este olvido negligente pesando más que la memoria.

Cómo llenarme de nada si estoy repleta de agujeros.

No alcanzo a menguar el agua que deshace la estructura.
Préstame tus brazos
para esta embarcación errante que soy 
bajo la luna negra
astro escolta de mi tierra palpitando
fuerza líquida que bombea en rojo 
hasta abrirme los ojos.

Devora mis elipses y pule las esquinas
Ámame desde tu orilla atlántica
respírame con el alba 
sabiendo que no hay distancias para el alma.

Te pienso constantemente 

para no perder esta locura.
No quiero ser cuerda en un mundo 
que pasa por la vida de puntillas.

A ti que compartes mis luces y mis sombras, 

que abrazas a la mujer salvaje que soy
te amo siempre.

Suyai, desde la otra orilla.



©Tania Evans, Suyai: Diary of a “borderline”








Ama, como respiras


Me desgarra vestir tu nombre entre los párpados.

El dolor, me hizo consciente.
Nadie puede llegar al sol sin desaparecer.

Y volé en dirección opuesta.
Sabiendo que mis alas se quebrarían con el hielo.

Me rindo.
Sangro y duele.
Te miro y duele más.
La libertad tanto tiempo cautiva
atisba y reclama la salida
Pero hoy, también duele.

Caer era necesario para volver de nuevo a la vida

Los humanos persisten en elevar dioses de barro
y yo, insisto en abrazarlos, divinos, reales y mortales.

Ese hombre que se reconoce vulnerable
y en la más oscura de sus noches
permite que le abraces.

Ese hombre que ama de día
que derrama versos cuando te mira.

Ese hombre que te contempla
y desde su completitud, te acompaña 
sin aristas
sin excusas.

Solo ama como respira.
Sin esfuerzo.
Consciente que es el aire el que le da la vida

Comienza a amar
con las manos abiertas
y sin paracaídas.


Recuerda:
no hay suelo
solo "techos de agua" bajo la lluvia.

©Tania Evans, La psicología del Fénix