Ama, como respiras


Me desgarra vestir tu nombre entre los párpados.

El dolor, me hizo consciente.
Nadie puede llegar al sol sin desaparecer.

Y volé en dirección opuesta.
Sabiendo que mis alas se quebrarían con el hielo.

Me rindo.
Sangro y duele.
Te miro y duele más.
La libertad tanto tiempo cautiva
atisba y reclama la salida
Pero hoy, también duele.

Caer era necesario para volver de nuevo a la vida

Los humanos persisten en elevar dioses de barro
y yo, insisto en abrazarlos, divinos, reales y mortales.

Ese hombre que se reconoce vulnerable
y en la más oscura de sus noches
permite que le abraces.

Ese hombre que ama de día
que derrama versos cuando te mira.

Ese hombre que te contempla
y desde su completitud, te acompaña 
sin aristas
sin excusas.

Solo ama como respira.
Sin esfuerzo.
Consciente que es el aire el que le da la vida

Comienza a amar
con las manos abiertas
y sin paracaídas.


Recuerda:
no hay suelo
solo "techos de agua" bajo la lluvia.

©Tania Evans, La psicología del Fénix

La metamorfosis


no cesa.

A tientas, se da una nueva oportunidad
en equilibrio sólido frente al abismo.

La piel se desprende como aquel verano
cuando el sol la abrasó a los 14 años
arrojando a la niña lejos de sus huesos.

Cayó, 
desnuda 
con los ojos abiertos 
y las manos encendidas.

Durante décadas voló
incendiando aldeas, 
evaporando lagos, 
prendiendo calor en las costillas de los más desamparados.

En el solsticio ártico
se permitía abrazar por el sol de medianoche
y con las mejillas en carne viva
se deshacía rendida a su oscuridad.

A veces, 
observaba el paso del tiempo
fotograma a fotograma
con la eterna pregunta 
atrapada en la lengua.

El origen.
La fuente.
La cura.

En su búsqueda 
descubrió la naturaleza de la luz 
y la vida de las sombras.

En este presente que se escapa de los dedos
ya es una con los elementos.
Habita en las húmedas raíces de los bosques
y se abre como una flor de baobap,
blanca 
iluminando la noche 
dispuesta a recibir jubilosa la vida
en el beso fugaz del vampiro alado.

Justo, 
antes de cerrarse 
en un último gesto
siente como se ordenan los huesos
la piel ensortija la carne recién abierta
crece el pelaje 
y un aullido emerge recordando su nombre.

No es una ángel.
Es una loba que mira de frente
que abraza el miedo con las garras y corre.


La vida, no espera.

©Tania Evans, La psicología del Fénix

Cursiva recordando a mi querida Gloria Fuertes.

Recuérdame el amor


Recuérdame el amor

A ti que todavía palpitas
tras esa costilla traidora
que te sabe fuerte en mi vientre
recuérdame el amor
el hambre voraz del huérfano
ávido lactante en mi pecho


Recuérdame el amor
la curiosidad encendida
en este tu nuevo territorio de conquista

Recuérdame el amor
el sexo libre
los caminos de saliva salvándote la vida

Recuérdame el amor
salvaje
mordiendo el horizonte de mis piernas

Recuérdame el amor
mostrar el alma
y no salir en retirada

Amarte “solo” siempre
como una loba
a pesar de todos los valles y montañas.

Amar es permitir que muera la ilusión
despojarse de máscaras
mostrar la herida
temblar ante su belleza
permitir que ilumine la sombra
y en esa comunión de luces y formas
engendrar y parir nuevamente
entre orgasmos la alegría.


©Tania Evans, La psicología del Fénix